El rastro de las balas

2023-03-08 14:34:46 By : Mr. Bruce Li

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Los peritos balísticos de la Guardia Civil en Sevilla elaboran cada año una media de 150 informes sobre armas de fuego intervenidas

El teniente Evaristo Jiménez comprueba el alcance de una mira telescópica. / Antonio Pizarro

Lo primero que uno se encuentra al entrar en el departamento de Balística de la Guardia Civil de Sevilla es un rifle de francotirador apoyado en un bípode y colocado encima de una mesa. Es un arma que fue intervenida en una operación contra el narcotráfico en el Campo de Gibraltar. Con ella, los narcos pretendían destruir los radares de las Fuerzas de Seguridad del Estado. El fusil está bien cuidado y tiene la pegatina de la marca, Savage Arms, en la culata. Su valor puede alcanzar los 50.000 euros.

Hasta esta oficina ubicada en el acuartelamiento de Eritaña, junto al Parque de María Luisa, donde tiene su sede la IV Zona de la Guardia Civil, llegan todas las armas de fuego, casquillos y proyectiles intervenidos por la Guardia Civil en Andalucía, Ceuta y Melilla. Es, como asegura el teniente Evaristo Jiménez, jefe de la unidad, el departamento de Balística que más carga de trabajo tiene de España. Aquí llegan cada año 300 casos. Y sólo hay tres peritos. Eso no quita para que cualquier informa que salga de estas dependencias sea fiable al extremo. El laboratorio cuenta con el sello de calidad de la Empresa Nacional de Acreditación (ENAC).

Cartuchos de diferente calibre. / Antonio Pizarro

Nunca una contrapericia ha podido desmontar ni uno solo de los informes balísticos elaborados por este grupo de guardias civiles, algunos de los cuales llevan más de veinte años dedicados al estudio de las armas, munición, calibres, trayectorias y marcas dejadas por los proyectiles y las vainas. Es el caso del cabo Jesús Pérez, uno de los peritos más experimentados de España y que ha trabajado en los principales casos esclarecidos en Andalucía mediante informes balísticos.

Lo hizo, por ejemplo, en una de las investigaciones más complejas de la provincia de Sevilla en los últimos años, el de un homicidio en La Rinconada en el año 2013. Allí se descubrió que las balas del arma que habían matado a la víctima, un agricultor del pueblo, procedían de la misma pistola empleada unos meses antes en un intento de asesinato en Los Remedios, donde fue tiroteado el aristócrata Jaime Melgarejo.

El cabo Jesús Pérez trabaja con el microscopio. / Antonio Pizarro

Para esclarecer aquel doble crimen (aunque uno quedó en grado de tentativa, pues Melgarejo sobrevivió al disparo en la cabeza) fue fundamental el cruce de información entre la Policía Nacional y la Guardia Civil. Ambos cuerpos comparten una base de datos sobre armas y proyectiles, y en ella se vuelca toda la información obtenida en las escenas de cualquier delito. Así, al introducir las huellas dejadas por las balas y casquillos de la pistola con la que mataron al agricultor en esta base de datos común, resultó que coincidían con la que procedía del intento de asesinato al aristócrata. A raíz de ahí, la unidad que se encargaba de la investigación pudo atar cabos y descubrir que el sospechoso mantenía una disputa económica con ambas víctimas, aparentemente tan poco relacionadas entre sí.

Detalle de la bata del teniente Evaristo Jiménez. / Antonio Pizarro

Estas coincidencias no son frecuentes, pero se han dado alguna vez, no sólo a nivel nacional sino también entre distintos países europeos. Informes balísticos elaborados por la Guardia Civil de Sevilla han servido para detener al autor de un homicidio en Portugal o esclarecer atracos en Italia, además de algunos otros casos ocurridos en España.

Un kalashnikov. / Antonio Pizarro

El trabajo de los peritos de balística es muy técnico. Al departamento llegan armas implicadas en cualquier hecho delictivo, intervenidas en el marco de alguna operación (como el caso del fusil de los narcotraficantes) o armas legales que se han visto involucradas en algún accidente, como puede ser una cacería en la que un disparo ha alcanzado a una persona. El laboratorio trabajó el caso del niño de cuatro años fallecido en una montería de Guillena en 2019, si bien de este asunto los peritos prefieren no revelar ningún dato porque el caso está todavía pendiente de juicio.

Granada de mano. / Antonio Pizarro

Una vez recibida el arma, se hace un informe con su descripción y queda inventariada. Para poder obtener una muestra de balística, el arma hay que dispararla, con la finalidad de obtener el proyectil y el casquillo. Estas constituyen las muestras indubitadas, es decir, las que se saben con certeza que corresponden a ese arma en cuestión. Estas muestras han de compararse después con las dubitadas, que es las que se hayan recogido en una escena de un crimen o de cualquier delito, y por tanto, no se sepa con exactitud si corresponden a ese arma u a otra.

Pistola vista a través de una lupa. / Antonio Pizarro

Estos disparos para extraer muestras se hacen en una sala habilitada en la planta baja del cuartel, en los que hay unos tanques rellenos con distintos materiales para frenar la bala y poder recogerla después. A veces, si el arma está muy deteriorada o tiene alguna grieta y corre el riesgo de que pueda explotar, los agentes han de utilizar una mordaza, con la que pueden disparar a cierta distancia, tirando de un hilo. No deja de conllevar sus riesgos y todas estas pruebas han de hacerse con casco y chaleco antibalas.

Cuando se extraen las muestras, éstas pasan a examinarse con el microscopio, en busca de las huellas que cada arma deja en balas y casquillos. Estas marcas son únicas. "No hay dos iguales, al igual que no hay personas que tengan las mismas huellas dactilares, ni siquiera los gemelos", explica el teniente Jiménez. Un informe simple puede estar listo en dos o tres días. En estos casos se suele dar prioridad a los delitos más graves, como los homicidios o los relacionados con la violencia machista.

Pistola de fabricación artesanal. / Antonio Pizarro

Sin embargo, aún quedan muchos casos atrasados. Actualmente están dando salida a asuntos de 2017 y algunos se están derivando a otros laboratorios de la Guardia Civil de otras regiones, que están mas descongestionados que el de Andalucía. 

La ciencia que estudia las armas tiene cuatro ramas. Una es la balística interna, en el que se analizan armas y munición. Una parte de ésta es la extracción de números de series de armas, que suelen estar borrados o limados. Para ello se utilizan reactivos químicos, que se colocan bajo una campana extractora por ser productos cancerígenos. Otra es la balística identificativa, en la que se compara con el microscopio el casquillo o proyectil con el que dispara una determinada arma.

Arma pequeña, ideal para camuflar. / Antonio Pizarro

La tercera rama es la balística de efecto, que estudia el impacto de un disparo en el cuerpo humano. Para ello se utiliza jabón balístico, con el que se realizan moldes en los que se simulan los agujeros que dejan las armas en la carne. La cuarta parte es la balística externa, que estudia las trayectorias de los disparos. Esto se suele hacer mediante infografía en 3D.

El teniente Evaristo Jiménez y el cabo Jesús Pérez hicieron un trabajo curioso, fuera ya del ámbito policial y más en el de la historia. Reconstruyeron el asalto al cuartel general del capitán francés Pierre D'Osseaux en la aldea del Rocío durante la Guerra de la Independencia. El resultado de este trabajo fue un artículo que se publicó en la revista Exvoto, de la hermandad Matriz de Almonte.

Arma fabricada con tubos de fontanería. / Antonio Pizarro

En la sede del departamento de Balística hay también una colección de armas raras, algunas de lo más curioso. Hay pistolas fabricadas artesanalmente con tubos de fontanería e incluso artilugios caseros con los que se ha conseguido disparar un proyectil. Uno de ellos lo hizo un ingeniero alemán para quitarse la vida. Hay bastones-escopeta y bolígrafos-pistola que pueden resultar letales. O una pistola diminuta que puede guardarse en un calcetín. Y también armas de guerra intervenidas en Andalucía, como subfusil con silenciador o un kalashnikov.

Munición. / Antonio Pizarro

A mediados de la década pasada se detectó un aumento de las armas de aire comprimido, muy similares a las auténticas, que podían ser manipuladas fácilmente para que dispararan fuego real. El cabo Jesús muestra un arma simulada y explica que es muy difícil a simple vista distinguir si la pistola es verdadera o falsa. Con este tipo de armas se cometieron muchos atracos. Se podían comprar legalmente en cualquier tienda o por internet. Eso llevó a un cambio legal a final de la década, de manera que ya sólo pueden comprarla jugadores acreditados de airsoft u otro tipo de deportes de tiro recreativo o trabajadores de la industria del cine para su uso en películas y series.

Trabajos para extraer los números de serie a un arma.

"Ahora, lo que más nos están entrando son armas procedentes del narcotráfico. Se han hecho muchas operaciones en la zona del Campo de Gibraltar y todo eso nos llega a nosotros para su análisis", detalla el teniente Evaristo Jiménez. Él es quien se encarga de revisar los informes balísticos que salen de la unidad, que siempre son colegiados, es decir, van elaborados por un perito y cuentan con el visto bueno de otro que avala lo que ha hecho su compañero. Después, el informe se envía a Madrid donde pasa otro filtro. Quizás por todos esos controles nunca una contrapericia tumbó un informe balístico de la Guardia Civil.

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