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Explosión de la nave insignia francesa l'Orient en la batalla del Nilo. Pintura al óleo de George Arnald, 1826, Museo Marítimo Nacional, Greenwich.
Redactor y editor de Historia National Geographic
Actualizado a 27 de febrero de 2023 · 12:48 · Lectura:
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En 1798 un ejército francés de 40.000 soldados al mando de Napoleón embarcó rumbo a Egipto para convertirlo en una colonia desde la que atacar la India británica. Con el objetivo de despistar a la Royal Navy los franceses amagaron ataques contra Portugal e Irlanda, al tiempo que se organizaba sobre un ejército ficticio en Brest para una supuesta invasión de Inglaterra. Estas artimañas engañaron a los ingleses por un tiempo, pero gracias a su excelente red de espionaje el Almirantazgo descubrió finalmente su destino y envió a Horatio Nelson a Tolón para interceptarles.
Afortunadamente para el corso una tempestad impidió a Nelson bloquear el puerto, y convencido de que los franceses se dirigían directamente hacia Egipto llegó a Alejandría cuando Bonaparte todavía se encontraba enfrascado en la conquista de Malta. Al no encontrarse con el enemigo el almirante inglés partió rumbo a Italia, cruzándose con los franceses la noche del 22 de junio sin advertir su presencia al no contar con fragatas de exploración.
La persecución de los franceses por el Mediterráneo en un mapa publicado en 1802.
Gracias a este golpe de suerte Napoleón pudo desembarcar sin contratiempo en Egipto y derrotar a sus gobernantes mamelucos en la batalla de las Pirámides. Bajo Francois-Paul Brueys su flota ancló en la ancha bahía de Abukir, el lugar más indicado para desembarcar en caso que ingleses o turcos decidieran invadir el país.
Los británicos pasaron todo julio buscando al enemigo por el Mediterráneo, solo para descubrir que este se les había escapado y se encontraba fondeado en Egipto. Sin perder más tiempo Nelson dio media vuelta y alcanzó Abukir el 1 de agosto.
Retrato de Nelson pintado por William Beechey en 1801, a sus pies se puede ver la bandera tricolor francesa. Museo del Castillo de Norwich.
Aunque sobre el papel ambas fuerzas parecían estar igualadas, con 13 navíos franceses (incluyendo el Orient de 120 cañones) enfrentados a 14 británicos, en realidad estos últimos eran muy superiores tanto en cadencia de tiro como en maniobra. Además se enfrentaban a una armada francesa mandada por oficiales inexpertos, dado que casi todos los de carrera habían sido guillotinados o desterrados por el simple hecho de ser nobles.
En este mapa de la batalla (dibujado por Alexander Keith Johnston en 1830) se puede ver a la línea francesa rodeada de naves británicas, el HMS Culloden ha embarrancado en un banco de arena a la entrada de la bahía. Colección privada.
Brueys había dispuesto a sus naves en una columna a lo largo de la bahía para formar una barrera de fuego contra toda nave que se atreviera a entrar, pero cometió el gran error de dejar dos canales a proa y a popa de la formación, por los que se podían colar fácilmente los ingleses.
Viendo la gran oportunidad que se le presentaba, Nelson ordenó a sus capitanes atacar a los franceses por ambos costados, batiendo a cada nave enemiga con dos de las suyas. El primero en cruzar al otro lado de la columna fue el HMS Goliath, que tras arrasar el casco del Guerrier al pasar frente a él viró a babor y abrió fuego contra su costado. Tras doce minutos de cañoneo el navío francés se rendía y arriaba la bandera.
Con el Goliath en cabeza los británicos pasan frente a la columna francesa devastando el Guerrier. Óleo de William Daniell (1804-71), colección privada.
Una tras otra las naves británicas elegían a sus presas y las castigaban a cañonazos, a los que los franceses respondían lo mejor que podían, incapaces de escapar de la trampa en la que ellos mismos se habían metido. Al haber empezado la batalla con las anclas echadas y las velas recogidas, las naves de Brueys no se podían mover, y solo la retaguardia al mando de Villeneuve tuvo tiempo de escapar.
Las naves francesas abren fuego en los primeros momentos de la batalla. Pintura de Nicholas Pocock, 1806, Museo Marítimo Nacional, Greenwich.
Para empeorar la situación los franceses no habían preparado los cañones del lado de tierra para disparar, convencidos de que solo tendrían que combatir hacia el mar, por lo que mientras caía sobre ellos una tormenta de balas de hierro, los marineros tuvieron que quitar los fardos que los cubrían y ponerlos en batería a toda prisa.
Atrapados entre las naves británicas solo dos navíos lograron cortar amarras y escapar del cerco. Grabado de la batalla publicado en la Naval Chronicle. Biblioteca Británica.
En medio de este desastre el Orient se erigía como una fortaleza flotante, devastando con su fuego a todas las naves inglesas que se le acercaban. El primero en sentir su furia fue el HMS Bellerophon, que tuvo que retirarse tras sufrir numerosas bajas. Para entonces Nelson se había unido a la batalla a bordo del HMS Vanguard, siendo herido en la cabeza por un proyectil de metralla.
Nelson en la enfermería del HMS Vanguard, la herida no era grave y el almirante volvió a cubierta para presenciar el fin de la flota enemiga. Acuarela de William Heath, 1817, colección privada.
Conscientes de que no podían dejar escapar al enemigo, los navíos británicos se apelotonaban en la entrada de la bahía para unirse al combate, y uno de ellos el HMS Culloden se acercó demasiado a a la costa y embarrancó en un banco de arena. Pese a ello la superior potencia de fuego británica se había impuesto; al llegar la noche la mayoría de naves francesas estaban deshechas y el Orient se había incendiado tras recibir el fuego de numerosas naves enemigas.
Sometido al fuego del HMS Alexander, Swiftsure y Leander el buque insignia francés perdía hombres a cada segundo que pasaba. El propio Brueys había sido herido de muerte y a las 9:45 la nave se convirtió en una inmensa hoguera que iluminaba la noche con su resplandor.
Destrucción del Orient, pintura al óleo de Mather Browne realizada en 1825. Museos Reales de Greenwich.
Viendo que el Orient no tardaría en hacer explosión las naves inglesas se alejaron del navío, que estalló al cabo de un cuarto de hora llevándose con él a los últimos supervivientes de su tripulación. Una macabra lluvia de cuerpos humanos destrozados y fragmentos de la nave cayó entonces sobre la flota británica; en el Swiftsure apareció un trozo del palo mayor, que el capitán Leander transformó en un ataúd regalado a Nelson tras la batalla, y en el que este sería enterrado tras Trafalgar.
Los botes británicos recogen a los franceses mientras el Orient se hunde envuelto en llamas. Grabado de Peter Geiger, 1840, colección privada.
Tras acabar con Brueys los ingleses se dedicaron a recoger los náufragos que chapoteaban entre los restos llameantes que flotaban por la bahía, al tiempo que concentraban su fuego sobre las pocas naves que todavía resistían.
Tras la explosión de su buque insignia los navíos franceses se fueron rindiendo uno a uno al ver que la batalla ya estaba perdida. Grabado del combate publicado en 1880.
A popa del Orient el Tonnant era una de las pocas naves francesas que quedaban en pie. El capitán Thouars clavó la bandera tricolor a los restos del mástil, decidido a morir antes que rendirse, y cuando al poco una bala le arrancó las piernas ordenó que le metieran en un barril de cereal, desde donde dirigió la acción hasta morir desangrado.
Nelson capturó nueve navíos, que serían reparados y puestos bajo mando británico, algunos como el Tonnant combatirían luego en Trafalgar. Grabado de James Weir, colección privada.
Así terminó la llamada batalla del Nilo, con la captura de nueve navíos franceses, el hundimiento de dos y la completa destrucción de la flota que había llevado a Napoleón a Egipto. Solo cuatro navíos y fragatas al mando de Villeneuve escaparon al desastre, refugiándose en Tolón. Para agradecerle tan espléndida victoria el primer ministro William Pitt consiguió que el rey nombrara vizconde a Nelson, quien en la parte superior de su escudo de armas puso una representación de la batalla.
El exterminio de las plagas de Egipto, caricatura de James Gillray sobre la batalla publicada el 6 de octubre de 1798. Los navíos franceses han sido representados como cocodrilos tricolores, uno de los cuales (el Orient) vomita una bocanada de fuego. Museo Británico.
Gracias a este combate los británicos se aseguraron el control del Mediterráneo en los años venideros, y aunque no pudieron impedir que Napoleón volviera a Francia en 1799 sí que lograron echar a los franceses de Egipto en 1801.
Durante la campaña de Napoleón en Egipto el general francés intentó en vano tomar esta antigua fortaleza del tiempo de las cruzadas, que resistió su imparable avance con ayuda de la flota inglesa y uno de sus antiguos compañeros de escuela.
Tras desembarcar en el puerto de Alejandría con la intención de conquistar la región para la República Francesa, Napoleón marchó a través del desierto y derrotó a los mamelucos a orillas del Nilo.
En diciembre de 1805 el ejército de Napoleón Bonaparte derrotó en Austerlitz a las fuerzas combinadas de Austria y Rusia, que les superaban en número. La llamada "batalla de los tres emperadores" es considerada como una de las más brillantes de la historia militar en lo que a estrategia se refiere.
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