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La corporación ha celebrado este domingo la Función Principal en San Jacinto
La dolorosa entró en la capilla alrededor de la una y media del mediodía
La Estrella procesionará bajo el palio de Rodríguez Ojeda el Domingo de Ramos de 2023
La Estrella pasa por la calle Rodrigo de Triana con los Campanilleros
Manuel Lamprea 05 Marzo, 2023 - 17:33h
Dice la letra de Voy temblando, un tema conmovedor del grupo sevillano Vera Fauna, algo así: "Cada palo sostiene su vela y parece ayer, y es que la plazuela de Triana me pide volver, por la calle Rodrigo pa' verme contigo voy temblando..."
Como cada mañana del primer domingo de marzo, los cofrades de la ciudad se arman de valor y de armazones para citarse, cara a cara, por Rodrigo de Triana o cualquier punto de su entorno, con la Virgen de la Estrella, pilar esencial del devocionario popular y exponente mayúsculo del arte barroco en Sevilla. A falta de tan solo cuatro domingos para que vuelva a eclipsar de luces blancas su barrio y la ciudad, la dolorosa trianera, junto al Cristo de las Penas, han regresado esta mañana desde San Jacinto a su capilla en la calle homónima tras celebrarse la Función Principal de Instituto. A pesar de las amenazantes nubes que sobrevolaban los cielos del arrabal, la meteorología respetó el traslado y cientos de personas se congregaron en torno al cortejo.
Sorprende siempre contemplar, con tanta cercanía, al titular cristífero de esta corporación, que en la más absoluta de sus soledades reza, sueña, piensa, suplica... Con la piel bruñida de soles pardos y aéreos los almendrados cristales de sus cuencas, su carne parece rasgarse en en las grietas de la piedra, y el sudario, abierto a los vientos de Getsemaní, se desenvuelve en su cintura maltrecha. La espalda llagada nos regresa los azotes y la sangre en el camino a la cruz.
El Cristo de las Penas instantes antes de entrar / Hermandad
El silencio se rompe en dos cuando, en la próxima lejanía, la Virgen de la Estrella se sobrepone a su propio tiempo. Mantiene, a fuerza de siglos y de improntas, ese perfil inenarrable, esos labios marmóreos que encierran la más absoluta de las bellezas y de los universos no alcanzados. Extraordinariamente vestida, asaltada por unos ramilletes de flores de cera que le atribuyen una gracia resuelta y fina, la Estrella nos recuerda siempre en estos traslados otro sabor distinto, unas fotografías en sepia de las que solo difiere el trazado y la urbanística. La de los corrales abiertos y frescos, la de siempre de San Jacinto, la del Domingo de Ramos, la de Ojeda, la que ha estado siempre ahí y en nuestra memoria se recupera...
Siempre que se puede hay que ver a la Estrella que saluda los rayos de sol de San Jacinto en lo alto de la mañana de marzo, más allá de las nubes. Ese sol infantil y primario que, en cuestión de días, se habrá convertido en una luz madura, vital y triunfante. Es la luz que esperamos y que, por unos segundos, se ha anticipado en los pómulos encendidos y en los ojos negros de la Estrella única de Triana.
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